//
você está lendo...
Estudos bíblicos - Diversos

“… el reino de Dios ya ha llegado a ustedes” (Lc 11,20)


“… el reino de Dios ya ha llegado a ustedes” (Lc 11,20)

Algunas pistas y bases bíblicas para una eclesiología reinocéntrica

TEXTOS:   Is 9,6-7 (Is 9,5-6 /Biblia Hebrea (BHS)/Biblia de Jerusalén)[1] Mt 6,9-13; Mc 4,30-32; Mc 9,42- 50; Lc 4,16-19

MOMENTO LITÚRGICO Y DE INTEGRACIÓN

a) El espacio

  • Colocar en el centro una Biblia abierta y una vela encendida.

b) A seguir se puede hacer una oración y/o presentar la siguiente poesía.

¡El Reino de Dios ha llegado!
¡El Reino de Dios ha llegado,
ahora la vida a cambiar!
¡Entregar todo lo que tenéis
a esta nueva e importante noticia!
 
¡El Reino de Dios ha llegado!
Levantando el polvo de todo,
revolviendo antiguos secretos,
difundiendo verdad olvidada,
construyendo los sueños perdidos.
 
¡El Reino de Dios ha llegado!
Restaurando las vidas heridas,
involucrando a los que andan solos,
apoyando a los tristes, cansados,
instaurando un tiempo mejor.

COMENTARIO      

Dos errores fundamentales

No sé si es casualidad, pero siempre cuando pensamos de misión y ecumenicidad generalmente hablamos de unidad y misión. Colocando el binomio en ese orden. Sin embargo, bíblicamente hablando la misión viene primero y después el momento de organización de las comunidades. Porque antes de haber iglesia existió el movimiento de Jesús, donde coexistieron una pluralidad de tendencias y visiones, muchas veces contrapuestas, que encontraron su unidad, por la obra del Espíritu, en la riqueza de su diversidad.

Y es precisamente, una imagen errada y/o falsa de los orígenes del cristianismo, que tal vez tiene su expresión formal en el orden acostumbrado del binomio, la que en gran medida ha llevado a visiones misiológicas y eclesiológicas erradas.

Por tanto, si nos proponemos repensar en una eclesiología relevante para nuestro presente conviene, primero que todo, colocar las cosas en su justo lugar para evitar repetir nuevos errores.

Según el conocido biblista Pablo Richard[2], esas visiones erradas tienen su origen en dos errores fundamentales y concretos con relación a los orígenes del cristianismo. El primero es de orden cronológico y el segundo de orden geográfico.

El error cronológico consiste en imaginar que las estructuras de la iglesia derivan directamente del período del Jesús histórico. Se salta un período histórico pues se pasa del 30 d.C. al período posterior al 70 d.C., cuando realmente ocurre la expansión del cristianismo. O sea, que antes de haber iglesia existió el «movimiento de Jesús». De manera que, primero es el tiempo de la misión, después es el tiempo de la Iglesia.

Por tanto, es algo simplista, como bien apunta Néstor Mínguez, pensar del cristianismo como tal, realmente debemos pensar en «cristianismos»[3]. Para muchos cristianos la Trinidad es: Padre-Hijo-Iglesia, dejando así en el olvido la acción del Espíritu en la larga y polifacética historia que precede la fundación de la Iglesia[4]. Realmente, la visión de un movimiento unificado es la «historia eusebiana oficial» que sirvió para legitimar la cristiandad constantiniana. Es una visión unitaria llevada a cabo por presión externa y no exenta de contradicciones y exclusiones.

Entonces, partiendo de esta imagen idílica y distorsionada de los orígenes del cristianismo como un movimiento único, con una estructura institucional y un cuerpo doctrinal uniforme, donde la diversidad era comprendida como sinónimo de herejía, la imagen dominante dentro del movimiento ecuménico moderno, interpretó las palabras de Jesús de que “todos sean uno” (Jn 17,21) teniendo como trasfondo una visión eclesiocéntrica.

Ya el error geográfico consiste en presentar los orígenes del cristianismo en la dirección geográfica que va de Jerusalén a Roma, o sea, orientado hacia occidente. Esta visión unilateralmente helenizada es una interpretación errada o reducida de las tradiciones neotestamentarias. Errada, porque considera la obra de Lucas y la tradición paulina como las únicas fuentes para reconstruir los orígenes del cristianismo, dejando de lado otras importantes fuentes canónicas, inclusive la propia obra de Lucas y Pablo, así como fuentes no canónicas como el Evangelio de Tomás. De esta manera se deja fuera el área de Galilea (cf. Marcos/Q), cuna del cristianismo, y además, la región de los pobres y del campesinado. También se deja fuera el Sur, el norte de África (cf. Hch 8,26-40; 11,20-21; Ga 2,7-9), es decir, la cultura negra. Además, se pasa por el alto la misión al Oriente, o sea, las culturas y razas no-occidentalizadas (cf. Evangelio de Tomás). De esta manera nace una visión distorsionada occidental, norteada, blanca y des-orientada de los orígenes del cristianismo.[5]

Y será precisamente esta interpretación la que producirá y legitimará una imagen vertical, o sea, Norte-Sur, en la visión misionera y eclesiológica de la Iglesia. Visión que transportará, consciente o inconscientemente, un fuerte trasfondo ideológico de dominación.

Por eso, recuperar la misión en Galilea es recuperar la memoria de los empobrecidos, como centro de la identidad del cristianismo. Recuperar la misión en el Sur, o sea, África, es recuperar la memoria de los cientos de miles de esclavos y esclavas que fueron desarraigados de sus lugares de origen y hoy integran el caleidoscopio étnico de nuestros pueblos; así como también, recuperar la memoria de nuestras culturas aborígenes, muchas veces olvidas, desvalorizadas o marginadas en las visiones misioneras dominantes. Pero al hacer esto afirmamos también, simbólicamente, el futuro de todos los pueblos del Sur. Ya recuperar la misión hacia el Oriente es valorizar las culturas y razas no occidentales y, también, simbólicamente, el carácter extra-eclesial de la misión.

“…voy a crear un cielo nuevo y una tierra nueva…”

Desde tiempos bien antiguos la idea de la realeza de Dios sobre el pueblo de Israel formó parte de la tradición bíblica, desde el asentamiento en la tierra hasta el período post-exílico, posterior a la época del Segundo Templo (515 a.C.).

Vemos así, que el asentamiento en la tierra de Palestina y el propio período tribal fueron vistos como un don divino. Esta idea continúo presente durante todo el período monárquico. Así, cuando se quiso establecer la monarquía la reacción profética fue “ellos no quieren que Yahvé reine sobre ellos” (cf. 1 S 8,7). En el Salmo 47 también se canta la realeza de Yahvé y se habla de Él como “Rey grande sobre toda la tierra” (Sal 47,2).

Sin embargo, será el Segundo Isaías durante el destierro el que anuncia la esperanza del reinado de Dios. El Is 46 se habla de Dios con imágenes que lo dibujan como rey, pastor y libertador. Ya en el Tercer Isaías, en los primeros años del post-exilio, esa liberación es vista como algo totalmente nuevo: “voy a crear un cielo nuevo y una tierra nueva. Lo pasado quedará olvidado, nadie se volverá a acordar de ello” (Is 65,17).

No obstante, la expresión “Reino de Dios”, propiamente dicha, es una expresión propia del judaísmo tardío prácticamente ausente de los escritos canónicos del Antiguo Testamento. Es un término típico de la literatura apocalíptica, apareciendo por primera vez en el libro de Daniel:

Vi que venía entre las nubes alguien parecido a un hijo de hombre, el cual fue a donde estaba el Anciano; y le hicieron acercarse a él. Y le fue dado el poder, la gloria y el reino, y gente de todas las naciones y lenguas le servían. Su poder será siempre el mismo, y sus reino jamás será destruido” (Dn 7,13-14).

Es común tanto a la visión profética como a la apocalíptica la soberanía de Dios sobre la historia y la transformación total de una realidad de sufrimiento, dolor e injusticia. Y esa transformación total de la realidad creará unidad, solidaridad y comunidad entre los seres humanos. Es todo este trasfondo el que se encuentra detrás de la predica de Jesús. Y es sólo teniendo en cuenta este trasfondo que podremos entender su anuncio del Reino de Dios.

¡Ya está aquí!

Entonces la idea del “Reino de Dios” pasa de la apocalíptica al Nuevo Testamento y constituye el núcleo central de la predica de Jesús. El Reino es el tema principal de su predicación; fue la razón de su vida y de su propia muerte. En los evangelios sinópticos el término “Reino de Dios” o su equivalente “Reino de los cielos” (en Mateo), aparece 122 veces, de los cuales ¡90! veces aparece en los propios labios de Jesús.

No obstante, en el Nuevo Testamento no encontramos una definición del concepto “Reino de Dios”. De acuerdo a la tradición neotestamentaria Jesús no trasmitió un concepto del Reino sino que trajo consigo el mismísimo “Reino de Dios”[6]. El “Reino de Dios” es lo que ocurre entre Jesús y los enfermos, leprosos y endemoniados (Mc 1,32-45); es la promesa de justicia y liberación para los injusticiados y los que carecían de derechos (Lc 4,18-19); es sentarse a la mesa con los despreciados y marginados, porque aceptar a los despreciados y marginados es la restitución social que Jesús trae a los “publicanos y pecadores”; es dejarse tocar por la mujer impura y resucitar a la hija de Jairo (Mc 5,25-43); es de los niños y de las niñas, símbolos de todo lo débil e indefenso, que serán los primeros, y cuya fuerza reside precisamente en su debilidad (Mt 19,14). De esta manera el Reino es aprendido y experimentado, por la comunidad de Jesús, en lo cotidiano, en el seguimiento de Jesús, como una fuerza sanadora, liberadora y restauradora.

Pero a pesar de que la idea del “Reino de Dios” entra en el movimiento de Jesús de la apocalíptica, en contraposición con la mentalidad apocalíptica común, que colocaba el reino más allá o al final de la historia, el anuncio de Jesús y de sus discípulos proclama que el Reino no es algo a ser esperado mañana, sino que es una realidad que ya está presente. En palabras del evangelista Lucas, “el reino de Dios ya ha llegado a ustedes” (cf. Lc 11,20).

De manera que ya no se trata de afirmar la soberanía de Yahvé o la esperanza profética de “aquel día” en que la soberanía de Dios se haría efectiva en el mundo (Jl 2,28-32) y reinaría la justicia y la paz (cf. Is 2,2-4; 11,6-9; Mi 4,1-14), o la utopía apocalíptica de la implantación del Reino de Dios como fin de la historia. Ahora es una novedad diferente. En palabras de Jesús: ¡El tiempo se ha cumplido! ¡El Reino de Dios se ha acercado! ¡Hoy se ha cumplido la Escritura!

!Pero todavía no ha llegado plenamente!

Ahora, si bien el anuncio de la llegada del Reino fue proclamado por Jesús como buenas noticias para los menos favorecidos, también la tradición neotestamentaria enfatiza que el Reino todavía no ha alcanzado toda su plenitud. Porque ese Reino, que ya está entre nosotros, tiene al mismo tiempo que ser buscado. Por tanto, tiene una dimensión futura, tiene que crecer, tiene que alcanzar su plenitud. Ese es precisamente el mensaje de las llamadas “parábolas del crecimiento” de la cual “la parábola de la semilla de mostaza” (Mc 4,30-32) forma parte. Nótese el contraste entre la pequeña semilla y su crecimiento en un arbusto que puede llegar hasta tres metros. Pero ese crecimiento no vendrá por evolución automática o espontánea. La semilla no crece si no se riega, se fertiliza y se cuida.

También esa futuridad del Reino la encontramos expresada en el Padrenuestro (Mt 6,7-15; Lc 11,1-4). Vale resaltar que se pide que “venga el reino”, y no que “vayamos al reino”. Se enfatiza de esta manera el sentido histórico-temporal, así como la cotidianeidad del Reino. Será precisamente la futuridad del Reino la que afirma que la historia humana tiene una meta. Que la vida humana no es como un «sin sentido», sino un renacer hacia la plenitud, un caminar hacia la esperanza de un tiempo y de un mundo mejor.

Por eso, releer el Padrenuestro para nuestro presente, es reconocer que esta oración no nos eleva al cielo para que olvidemos lo que sucede en la tierra, sino que nos recuerda a los seres humanos con sus problemas cotidianos que necesitan ser resueltos. Lo que afirmamos cuando decimos “venga tu reino; hágase tú voluntad en la tierra como en el cielo” es que el Reino no es algo del «más allá», sino del «muy acá», porque sin esta Tierra no habrá salvación alguna, y que, por tanto, el “Reino de Dios” es tan terrenal como lo fue el mismo Jesús[7].Pero es pedir, además, que Dios nos ilumine, nos anime e impulse a ser “colaboradores del Reino” en la búsqueda de las soluciones necesarias para los problemas que aquejan a nuestro mundo, para ser librados de todas las maldades y pecados personales y sociales,  para que venga el Reino de justicia y paz, de liberación y fraternidad, y sea así hecha la voluntad de Dios.

Es señal de liberación

El anuncio de las buenas noticias de liberación para los débiles es la clave que Jesús mismo nos dejó para entender la presencia del Reino. El mensaje del Antiguo Testamento afirma que Dios está del lado de los oprimidos y de los débiles. En el éxodo Dios se rebela como libertador de personas esclavas (cf. Ex 3,7-10). Los profetas denuncian a las personas y estructuras sociales que oprimen y explotan a los débiles (Am 2,6-8; 5,11-14; Mi 2; 3,2-3). Los Salmos nos hablan de Dios como el que cuida a los huérfanos y las viudas (Sal 10,12.14.18); el que liberta a los oprimidos (Sal 12,5; 72,3-4; 145,12), el que protege a los débiles (Sal 12,12-13). Y es a ese Dios al que canta María, la madre de Jesús, cuando se le anuncia la llegada de su hijo: “Quitó de los tronos a los poderosos y exaltó a los humildes. A los hambrientos colmó de bienes y a los ricos envió vacíos” (Lc 1,55).

Por eso, como afirmó Mortimer Arias: “Allí donde se busca un orden social más justo; allí donde se respeta y fomenta la vida humana más plena; allí donde los hombres y las mujeres pueden vivir una vida comunitaria más solidaria; allí donde las estructuras de la sociedad buscan favorecer al ‘débil’, al ‘huérfano’ y a la ‘viuda’; allí donde el ser humano tiene la libertad y la oportunidad para llegar a ser lo que Dios en su propósito quiere que sea; allí está actuando el Reino de Dios”.[8]

Las marcas y señales del Reino

Y ciertamente, el Reino todavía no vino en plenitud. Los sueños y visiones de los profetas de la paz de Dios (shalom) que traería la armonía entre los seres humanos y la creación toda, y entre los seres humanos entre sí, todavía esperan su cumplimiento. Basta mirar a nuestro mundo para ver que todavía no ha llegado el día en que la paz y la justicia se besen (Sal 85,10) o el día en que el lobo y el cordero moren juntos (Is 32,17).

Pero la perspectiva futura del Reino nos dice que la historia humana tiene una meta. Que la vida humana no es como un círculo sin sentido, sino un renacer hacia la plenitud, un caminar hacia la esperanza del Reino.

En ese caminar hacia la plenitud del Reino, somos invitados como iglesia de Jesucristo a participar de ese viaje, a levantarnos y construir juntos, y a orar diciendo: “venga tu Reino, sea hecha tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra”.

Jesús fue heredero de ese judaísmo que se inició con la misión dada a Moisés en Horeb: “ve, yo te envío al faraón”, y que pasó posteriormente por el “heme aquí” de la experiencia profética.

Esa misión nos es trasmitida ahora, hoy y aquí a nosotros. El “yo los envío” que Jesús lanzó a sus discípulos hace más de dos mil años es también para nosotros hoy.

Afirmar las marcas del reino, o sea, la paz, el amor, la unidad, la solidaridad y la justicia, dependen de la visita y ayuda de Dios, pero esa visita de Dios pasa por nuestras manos. El Reino sólo crecerá si nosotros, desde ahora, lo gestamos en nuestras vidas y en nuestras opciones de vida, a favor de todo lo que esté a favor de la vida, ayudados por el Espíritu.

En este propósito debemos tener cuidado en no identificar «Iglesia» con «Reino de Dios». La Iglesia es signo y anunciadora del Reino, pero equiparar el Reino y la Iglesia es una reducción en la que no debemos caer. Jesús no dijo: ¡Arrepentíos, la Iglesia se ha acercado! Por tanto, reducir el Reino a la Iglesia es una afirmación anti-bíblica. ¡La Iglesia está al servicio del Reino, pero no es el Reino!

También debemos tener cuidado en no hablar o pensar del Reino en términos individuales. Reino es una palabra o un término que implica relaciones sociales, y se refiere a un nuevo orden: «el Nuevo Orden de Dios». Un orden que incluye la totalidad del ser humano en sus dimensiones materiales y espirituales.

Entonces, si como Iglesia estamos al servicio del Reino debemos asumir nuestro compromiso que el Reino nos hace aquí y ahora. ¿Cuál será nuestra respuesta?

Y para responder acertadamente al imperativo y al desafío que Jesús nos está haciendo hoy como Iglesia, proponemos volver los ojos a varios textos bíblicos.

El propósito de este ejercicio es reflexionar de forma comunitaria sobre las características del Reino que constituyen marcas y señales para la afirmación de una eclesiología pertinente y relevante.

TEXTOS PARA EL TRABAJO EN GRUPOS

  • Dividir el grupo en 5 pequeños grupos, si fuera posible, para reflexionar sobre los textos  siguientes. Esta actividad puede durar aproximadamente 30 minutos.
  • Leer en cada grupo el texto correspondiente en voz alta.
  • El moderador del grupo puede leer el comentario sobre cada texto.
  • Reflexionar sobre las preguntas propuestas.

1-      … la paz y la justicia (Is 9,6-7)

Este texto de Isaías corresponde al período pre-exílico. Eran años difíciles de injusticia social, donde mujeres/viudas y niños huérfanos eran los que más sufrían a causa de la precaria situación económica. El texto resume las esperanzas mesiánicas de una comunidad que se aproximaba a una crisis cuyo clímax sería el fin de la nación y el exilio. Se destaca en este texto la figura del niño como símbolo mesiánico del reinado de Dios.

Preguntas

¿Trasmite el texto esperanza? ¿Cómo?

¿Cuáles son las marcas del reinado de Dios que el texto muestra? ¿Cómo pueden ser paradigma para una nueva visión eclesiológica?

¿Qué nos dice este texto hoy para nuestra realidad de iglesia llamada a ser proclamadora y anunciadora del Reino?

2-      … el amor, la solidaridad, la unidad y el perdón (Mt 6,9-13)

En el Padrenuestro se destaca como señal del Reino la mesa abierta para todos: “danos hoy el pan que necesitamos”. La mesa es el lugar donde las personas se unen o se separan. Es el símbolo de la unión, la paz, la solidaridad y el amor, o el símbolo de la discriminación, la intolerancia y la separación. Las comidas de Jesús con todo tipo de personas son señales del mensaje de Jesús y expresión de la misión encomendada a los suyos.

También se destaca el perdón del mal realizado. Y perdón no es simplemente un sentimiento abstracto, o el deseo  y la capacidad de olvidar y pasar por alto el mal recibido. Perdón es mucho más. Perdonar y ser perdonado, es la fe en la necesidad de afirmar y luchar por la unidad entre todas las personas. Sin el perdón, que podría ser sinónimo de reconciliación, no hay utopías. Sin el perdón mueren las esperanzas.

Pregunta

¿Qué podrían significar las imágenes del pan para todos y todas y del perdón, en nuestro empeño de afirmar una nueva eclesiología  para nuestra realidad de hoy?

3-      … crece (Mc 4,30-32)

Jesús sembró la semilla del Reino. Pero ese Reino que ya está entre nosotros, tiene al mismo tiempo que ser buscado, por tanto, tiene una dimensión futura, tiene que crecer, tiene que alcanzar plenitud. Ese es precisamente el mensaje de las llamadas “parábolas del crecimiento” de la cual “la parábola de la semilla de mostaza” forma parte. Nótese el contraste entre la pequeña semilla y su crecimiento en un arbusto que llega hasta tres metros. Pero ese crecimiento no vendrá por evolución automática o espontánea. La semilla no crece sino se riega, se fertiliza, se cuida.

Pregunta

¿Cómo puede este texto iluminar una eclesiología pertinente para nuestro presente?

4-      … afirmación de la vida (Mc 9,42-50)

La presencia del Reino es una afirmación y celebración de la vida: “yo he venido para que tengan vida y para que la tengan en abundancia” (Jn 10,10). Nótese que en este texto “Reino de Dios” y “vida” se usan como sinónimos y la palabra “infierno” es equivale a todo lo que no es vida.

Pregunta

¿Cuáles aspectos de este texto pueden  iluminarnos hoy en la afirmación de una nueva eclesiología para nuestro presente?

5-      … es señal de liberación (Lc 4,16-19)

El anuncio de las buenas noticias de liberación para los débiles es la clave que Jesús mismo nos dejó para entender la presencia del Reino. El mensaje del Antiguo Testamento afirma que Dios está del lado de los oprimidos y de los débiles. En el éxodo Dios se rebela como libertador de personas esclavas (cf. Ex 3,7-10). Los profetas denuncian a las personas y estructuras sociales que oprimen y explotan a los débiles (cf. Am 2,6-8; 5,11-14; Mi 2; 3,2-3). Los Salmos nos hablan de Dios como el que cuida a los huérfanos y las viudas (cf. Sal 10,12.14.18); el que liberta a los oprimidos (cf. Sal 12,5; 72,3-4; 145,12), el que protege a los débiles (cf. Sal 12,12-13). Y es a ese Dios al que canta María, la madre de Jesús, al celebrar la llegada de su hijo: “Quitó de los tronos a los poderosos y exaltó a los humildes. A los hambrientos colmó de bienes y a los ricos envió vacíos” (Lc 1,55). De esa manera, el Reino está presente allí donde “la buena noticia es anunciada a los débiles”.

Pregunta

¿Cómo puede este texto iluminarnos en el presente para afirmar una eclesiología relevante y pertinente?

CONCLUSIÓN

Retroalimentación

  • Unir de nuevo al grupo para la retroalimentación.
  • Después de la retroalimentación colectiva se puede terminar cantando el canto:
“TU REINO ES VIDA”
TU REINO ES VIDA, TU REINO ES VERDAD,
TU REINO ES JUSTICIA, TU REINO ES PAZ,
TU REINO ES GRACIA, TU REINO ES AMOR,
VENGA A NOSOTROS TU REINO SEÑOR,
VENGA A NOSOTROS TU REINO SEÑOR.
 
Dios mío, da tu juicio al rey,
tu justicia al hijo de reyes
para que rija a su pueblo con justicia,
a tus humildes con rectitud,
para que rija su pueblo con justicia,
a tus humildes con rectitud.
 
Que los montes traigan la paz,
que los collados traigan la justicia,
que El defienda a los humildes del pueblo,
que socorra a los hijos del pobre,
que El defienda a los humildes del pueblo,
y quebrante al explotador.
 
Que dure tanto como el sol,
como la luna de edad en edad,
que baje como lluvia sobre césped,
como rocío que empapa la tierra,
que en sus días florezca la justicia,
y a la paz hasta que falte la luna.
 
Librará al pobre que suplica,
al afligido que no tiene protector,
se apiadará del humilde e indigente
y salvará la vida de los pobres,
salvará de la violencia sus vidas,
pues su sangre es preciosa ante sus ojos.
 
Que su nombre sea eterno,
Que su fama dure como el sol,
que sea bendición para los pobres,
que las naciones lo proclamen dichoso;
bendito eternamente su nombre,
que su gloria llene la tierra.

[1] Las abreviaturas de los libros bíblicos están tomadas de la Biblia de Jerusalén.

[2]  Cf. Pablo Richard, “Los diversos orígenes del cristianismo – Una visión de conjunto (30-70 d.C.)”, In: Revista de Interpretación Bíblica Latinoamericana, RECU, Quito, 1996, No.22, p.7-20.

[3] Néstor Mínguez, “Contexto sociocultural de Palestina”, In: Revista de Interpretación Bíblica Latinoamericana, RECU, Quito, 1996, No.22, p.30.

[4]   Pablo Richard, op. cit., p.9

[5]  Pablo Richard, idem. Véase además, Tomás Kraft. “La iglesia primitiva en África”. In: Revista de Interpretación Bíblica Latinoamericana, RECU, Quito, 1998, No.29 y Edilberto López. “Los orígenes del cristianismo y el evangelio de Tomás”. Revista de Interpretación Bíblica Latinoamericana, RECU, Quito, 1996, No.22.

[6]  Jürgen Moltmann, Cristo para nosotros hoy, Editorial Trotta, Madrid, 1994, p.14.22.

[7]  idem.

[8] Mortimer Arias, Venga Tu Reino (La memoria subversiva de Jesús), Casa Unida de Publicaciones, México D.F., 1980, p.163.

Discussão

4 comentários sobre ““… el reino de Dios ya ha llegado a ustedes” (Lc 11,20)

  1. Hello Web Admin, I noticed that your On-Page SEO is is missing a few factors, for one you do not use all three H tags in your post, also I notice that you are not using bold or italics properly in your SEO optimization. On-Page SEO means more now than ever since the new Google update: Panda. No longer are backlinks and simply pinging or sending out a RSS feed the key to getting Google PageRank or Alexa Rankings, You now NEED On-Page SEO. So what is good On-Page SEO?First your keyword must appear in the title.Then it must appear in the URL.You have to optimize your keyword and make sure that it has a nice keyword density of 3-5% in your article with relevant LSI (Latent Semantic Indexing). Then you should spread all H1,H2,H3 tags in your article.Your Keyword should appear in your first paragraph and in the last sentence of the page. You should have relevant usage of Bold and italics of your keyword.There should be one internal link to a page on your blog and you should have one image with an alt tag that has your keyword….wait there’s even more Now what if i told you there was a simple WordPress plugin that does all the On-Page SEO, and automatically for you? That’s right AUTOMATICALLY, just watch this 4minute video for more information at. WordPress Seo Plugin

    Publicado por Vanesa Scheetz | 30 de agosto de 2012, 1:42 pm
  2. really man this was the interesting website and the post was really awesome… lista de email lista de email lista de email lista de email lista de email

    Publicado por lista de email | 20 de outubro de 2012, 12:08 pm

Deixe uma resposta

Preencha os seus dados abaixo ou clique em um ícone para log in:

Logotipo do WordPress.com

Você está comentando utilizando sua conta WordPress.com. Sair / Alterar )

Imagem do Twitter

Você está comentando utilizando sua conta Twitter. Sair / Alterar )

Foto do Facebook

Você está comentando utilizando sua conta Facebook. Sair / Alterar )

Foto do Google+

Você está comentando utilizando sua conta Google+. Sair / Alterar )

Conectando a %s

%d blogueiros gostam disto: