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El Padrenuestro: Una oración por las necesidades de la comunidad


El Padrenuestro

Una oración por las necesidades de la comunidad

Introducción

En el siglo III d.C. Tertuliano, uno de los primeros Padres de la Iglesia, expresó que el Padrenuestro constituye un compendio de todo el evangelio[1]. Y dijo bien el venerable Padre, porque si nos detenemos a analizar la también llamada “oración modelo” u “oración del Señor”, vemos que constituye un resumen de los grandes temas que tienen que ver con la existencia personal y social de todos los seres humanos, en todas las épocas y en todos los lugares.

En el Padrenuestro, tanto en la versión de Mateo (Mt 6,9-13) como en la de Lucas (Lc 11,1-4), no vemos ninguna referencia ni a Jesucristo ni a la Iglesia. Losdos pilares sobre los que se sustenta teológicamente “la oración del Señor” son Dios y el ser humano. Pero no se refiere a cualquier ser humano, sino aquel y aquella que están necesitados. Y llama la atención que después de la invocación inicial, “Padre nuestro que estás en los cielos” (Mt 6,9; Lc 11,1), lo que sigue son simplemente peticiones muy concretas y específicas: la venida del reino, que en el contexto literario en que se inserta el propio Padrenuestro, tiene que ver con la afirmación de la justicia (Mt 6,10.33); Lc 11,1); también se pide por el sustento diario para todos y todas, el perdón de las deudas (Mt 6,11-12) y una vida liberada de la amenaza y la maldad (Mt 6,13). Y ciertamente, una primera aproximación al Padrenuestro deja entrever que la comunidad que oraba estaba desesperada por la falta de alimento, por el peso de las deudas y por la maldad generalizada.

Pero teniendo en cuenta que leer siempre significa releer y que interpretar con sentido de pasado significa actualizarlo en función del presente[2], releer e interpretar hoy el Padrenuestro significa partir de nuestra propia vida, de nuestras angustias y de nuestras esperanzas, estableciendo las relaciones y sintonías con la vida, las angustias y las esperanzas de aquellos tiempos, sintiéndonos sorprendentemente próximos de aquellos y aquellas que oraron por primera vez “Padre nuestro…”

Decir el hoy el Padrenuestro es sentirnos confrontados con la realidad de que junto a la belleza, la bondad y la solidaridad humana, marchan juntas las deudas impagables, que desestabilizan las economías de los países del Sur, y que esclavizan y condena al hambre a millones de personas; la violencia, que impone la voluntad de los fuertes sobre los débiles, y pisotea el derecho a una vida plena; el dominio de los medios de comunicación, que manipulan la conciencia de las personas con atractivas y falsas promesas de prosperidad. Y toda esta realidad está enmarcada en un proceso de globalización, que bajo la ideología neoliberal, excluye y explota bajo la sola ley de la competitividad del mercado, que convierte el dinero en la única medida para lograr la felicidad y autorrealización de los seres humanos. Es en fin, una globalización de la muerte -muerte de nuestras culturas, de nuestras economías, de nuestra identidad- al intentar imponer, tanto a nivel personal, como cultural, económico y social, y hasta religioso, un único estilo de vida. Nuestro propio país, aparte de la difícil situación económica que impone más de 40 años de bloqueo económico, por ser un país pequeño y de economía abierta, también es vulnerable y se ve afectado en mayor o menor medida por toda esta problemática global. Y es a partir de esta realidad que proponemos aproximarnos al Padrenuestro, que ciertamente podríamos calificar de la oración de la liberación integral[3].

La oración en la experiencia religiosa del judaísmo y en el movimiento de Jesús

En la experiencia religiosa del judaísmo la oración es ante todo un acto comunitario (cf. Sal 35; 18; 111). Y cuando en el mundo judaico el acto de orar se presenta como una súplica individual, el Dios que se invocaba era el Dios de los padres, o sea, al Dios de la comunidad (1 R 8,22; 18,36; 2 R 19,5). En la época de Jesús la forma más común de oración era el llamado Shemá[4]: “Escucha Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Dios” (Dt 6,4), que venía acompañado de una confesión de la memoria liberadora del pueblo de Israel “…no te olvides del Señor que te sacó de la tierra de Egipto de la casa de servidumbre” (Dt 6,12).

Ya en el período del Nuevo Testamento el naciente movimiento de Jesús heredó del judaísmo este sentido comunitario de la oración (cf. Mt 18,19-20; 11,4-5 y 14,13-16). Pero vemos también como el acto de orar en común se convirtió en una forma de resistencia contra la opresión, fuera esta civil o religiosa: “Por aquel tiempo el rey Herodes apresó a algunos para maltratarlos. Hizo morir por la espada a Santiago, el hermano de Juan… y llegó a prender también a Pedro… y mientras Pedro estaba en la cárcel la Iglesia oraba intensamente por él a Dios” (Hch 12,4-5).

Por todo lo anterior, no tiene apoyo en la tradición bíblica cualquier idea que pretenda hacer de la oración un evento puramente individual desligado de los problemas que afectan la vida de la comunidad.  Por supuesto, esto no niega el valor a la oración personal, siempre y cuando ésta se ubique en el contexto de la comunidad, porque es precisamente en la oración comunitaria donde se actualiza, no ya sólo la relación de la comunidad con Dios, sino que además se  muestra la relación solidaria entre todas las personas. En la oración comunitaria hacemos explícita nuestra preocupación por las necesidades de nuestros semejantes y del mundo en general.

Y es precisamente en este contexto en el cual se inserta el Padrenuestro. En él encontramos la correcta relación entre Dios y los seres humanos, entre  lo político, lo social, lo económico y lo religioso, presentando la verticalidad y la horizontalidad como un único proceso[5].

Antecedentes en la adoración judaica

El Padrenuestro tiene sus antecedentes en antiguas oraciones judaicas usadas comúnmente en las sinagogas. Se ha afirmado que el Padrenuestro depende literariamente y en su contenido del Qaddish (en arameo ‘santo’), antigua oración aramea que glorifica a Dios y pide la venida de su reino sobre la tierra. Con esta oración se terminaba el servicio en las sinagogas en tiempos de Jesús, después de la enseñanza rabínica de las Escrituras[6]. Y el Padrenuestro en el evangelio de Mateo sigue precisamente ese esquema de “enseñanza-oración”  propio del Qaddish (cf. Mt 6,5-8). De manera que en sus orígenes “la oración del Señor” debe haber sido escrita en arameo. Posteriormente los grupos y sectores sociales que están detrás de la tradición evangélica de Mateo, la traducirían para el griego, adaptándola a las nuevas necesidades de la comunidad. Pero bien sabemos que los círculos rabínicos y farisaicos en los cuales tales formas de oración eran usadas no eran conocidos por una práctica liberadora. Será precisamente el rescate del potencial de justicia y liberación de estas formas de oración lo que el Jesús mateano realiza, radicalizando el Qaddish, y otras oraciones, dándoles un nuevo contenido de compromiso social.

El contexto social, político y económico

El contexto económico, político y social de nuestro texto se enmarca en el período de la ocupación y dominación romana sobre Palestina, mantenido por estructuras jerárquico patriarcales de dominación, que afectaban todo el sistema de relaciones, desde la política hasta la economía. En su expresión social, política y económica, el sistema de dominación romano dependía de la alianza con los poderosos tanto a nivel secular como religioso. Reyes y sacerdotes eran colocados y sustituidos por Roma de acuerdo a sus intereses. Y toda esta estructura era sostenida por la fuerza coercitiva del ejército romano.

Sin embargo, la dominación romana no debe verse simplemente en el nivel político y macroeconómico, sino que hay que situarla, fundamentalmente, en la cotidianeidad de las personas. El modo de producción esclavista, que se inicia con la helenización de Palestina (330 a.C.), llevó a nuevas formas de posesión de la tierra, al endeudamiento paulatino del campesinado y, por consiguiente, a un creciente proceso de urbanización. Pero todo este proceso se agudiza durante la dominación romana, acelerándose el proceso de concentración de la propiedad de la tierra[7].

Además de todo lo anterior, un complejo sistema de recaudación de impuestos, aseguraba el control y la explotación económica de la población. Se cobraba impuestos por todo. Estaba el impuesto per capita, que tenía que ser pagado por toda persona a partir de los 12 años, en el caso de las mujeres, y a partir de los 14, en el caso de los hombres. También existía el impuesto sobre el producto y sobre la propiedad que debía ser pagado por todos los propietarios. Así, todas las personas, inclusive las prostitutas, debían pagar impuestos sobre las mercancías y las actividades profesionales. Se cuenta que el emperador Vespasiano (69-79 a.C.) inventó un impuesto sobre la orina, utilizada por las tintorerías y los tintoreros para fijar el color de los tejidos.[8]

En fin, que los impuestos al Imperio, a Herodes y al Templo se hacían agobiantes e impagables para toda Palestina. Esta situación hizo crecer la pobreza, el endeudamiento y el aumento del número de esclavos y esclavas. Los evangelios sinópticos reflejan muy bien esta situación al mencionar puntos para el cobro de impuestos y peaje en Jericó (cf. Lc 19,1-2) y Cafarnaúm (cf. Mt 9,9; Mc 2,14; Lc 5,27); también de la presencia de los que cobraban los impuestos (cf. Mt 5,46; 9,10; 15,1; 18,17; Mc 2,15-16; Lc 3,12; 7,29; 18,10-13), siendo estos últimos criticados duramente (cf. Mc 12,13-17; Lc 2,22; 23,2). Por esta situación, conocemos de la articulación de la resistencia de las personas empobrecidas que reaccionaban violentamente contra el sistemático endeudamiento de la población, resistencia que culminó con la rebelión del año 66 d.C.

Y es que una deuda puede destruir completamente una familia. El proceso de endeudamiento era una continua pesadilla en el tiempo de Jesús, podía llevar a la ruina total de un grupo familiar, y social, llevando inclusive a problemas morales y sociales, afectando de manera particular a los niños y niñas, así como a las mujeres, que eran arrastradas a la esclavitud y la prostitución. Por eso la deuda económica no tiene simplemente efectos económicos, sino también implicaciones a otros niveles de relación[9]. Por tanto, el perdón de deudas se hacía un imperativo y una realidad significativamente liberadora para la comunidad campesina de Galilea. Y es dentro de esta situación que debemos entender el texto de Mateo 6,9-13.

El contexto literario

De la también llamada “oración del Señor”, encontramos dos versiones diferentes en la tradición evangélica: Mateo 6,7-15, y una versión abreviada que encontramos en Lucas 11,1-4. Las dos versiones difieren no solamente en el tamaño, sino también en otros puntos. Por un lado, las introducciones son diferentes, hecho que podría explicarse teniendo en cuenta las necesidades particulares de las comunidades que produjeron los textos. En este sentido se infiere del texto de Mateo, que la comunidad mateana conocía las diferentes formas de adoración propias del judaísmo. Sin embargo, no sucede lo mismo en el caso de la versión de Lucas, donde la expresión “enséñanos a orar” (Lc 11,1b), nos da a entender que una parte considerable de los miembros de la comunidad procedía del mundo no judaico o gentil, teniendo en este caso el texto un sentido didáctico o catequético. Por otro lado, en el texto de Lucas se habla de “perdón de pecados” (Lc 11,4), mientras que en el texto de Mateo se habla de “perdón de deudas” (Mt 6,12).

Para esta reflexión usaremos la versión de Mateo porque  -aunque tal vez, y según las leyes que rigen la transmisión de un texto litúrgico, la versión de Lucas pueda considerarse la más antigua u original-[10] estamos de acuerdo con los que postulan que el texto de Mateo recoge mejor que Lucas el sentido original, y se ajusta mejor a la realidad socio-económica del siglo I d.C.[11], así como a la relectura económica que estamos proponiendo de la “oración del Señor”. No obstante, no creemos que entre las dos versiones haya contradicciones o ideas contrapuestas, sino más bien pensamos que se complementan, como comentaremos más adelante.

En el evangelio de Mateo el Padrenuestro se inserta en una estructura literaria mayor conocida como el Sermón de la Montaña (Mt 5-7). Este contexto literario es importante, porque enfatiza la temática liberadora del éxodo, y además se inserta en lo cotidiano judaico. El Padrenuestro también aparece en el contexto de la controversia de Jesús con el sector fariseo más riguroso, llamados de “hipócritas”(cf. Mt 6,2; 7,5; 15,10-14; 23,13.14.15.23.25.27.29; Mc.7,1-13; Lc 11,44).

Pero particularmente la temática del perdón de las deudas, aparece también en la parábola del siervo despiadado o malvado (Mt 18,23-35). Y esto deja claro que el problema de las deudas y su perdón, constituían temáticas fundamentales y prioritarias en la comunidad de Mateo.

Pero, ¿a qué tipo de deudas se refiere el texto de Mateo? Algunas traducciones litúrgicas recientes distorsionan el sentido original del Padrenuestro cuando se dice: “perdónanos nuestras ofensas”, restringiendo así el perdón al plano de la moral eclesiástica[12]. Sin embargo, como destaca Pablo Richard, es importante ver que en Mateo las 8 palabras relacionadas con deudas aparecen solamente en el Padrenuestro (Mt 6,12) y en la parábola del siervo malvado (Mt 18,23-35), pero además de usar la misma terminología, ambos textos muestran la misma teología; y siendo el tema central de la parábola la deuda económica, es lógico interpretar el Padrenuestro a la luz de la parábola[13]. Vemos así, que tanto en el Padrenuestro (Mt 6,7-15), como en la parábola del siervo malvado (Mt 18,23-35), los términos griegos utilizados son derivados de áfesis (perdónar/libertar prisioneros), ofeílema (deuda) y ofeilétes (deudor). Por un lado, el término áfesis es la traducción griega de la palabra hebrea deror, término hebreo que se usa para caracterizar la liberación de esclavos y esclavas y la cancelación de deudas, en textos vinculados a las tradiciones jubilares (cf. Lv 25; Is 61 y Jr 34); por otro lado,  ofeílema (deudas) y ofeilétes (deudor) son vocablos técnicos que se usaban en el mundo greco-romano para caracterizar las deudas de orden económico[14].

Entonces, el perdón/liberación que se pide, tanto en el Padrenuestro, como en la parábola del siervo malvado, es concretamente una liberación económica para personas que se habían convertido en esclavos y esclavas, en medio del proceso de endeudamiento generalizado en el contexto de la dominación romana. Y esto significa, también, que se debe interpretar el Padrenuestro como una petición para que Dios proclame un año sabático o jubilar, año en el cual se deben perdonar todas las deudas[15].

Estructura literaria

La estructura del Padrenuestro, en la versión de Mateo, se compone de una invocación y siete peticiones finalizando con una doxología. La invocación expresa pluralidad, colectividad, comunidad: No es Padre mío,  sino Padrenuestro, de todos y de todas. A pesar de que el término Padre (en arameo ‘abba’) es un término familiar que implica una relación íntima con la divinidad, la terminología masculina de la doxología no está libre de la visión de una sociedad patriarcal.

En las tres primeras peticiones  estamos en el campo de la verticalidad, tiene que ver con Dios: la santificación del nombre de Dios, su reinado y la realización de su voluntad. Aquí vale la pena resaltar que se pide que venga el reino, y no vamos a tu reino. Se enfatiza, por tanto, el sentido histórico-temporal, así como la cotidianeidad del reino.

A partir de la cuarta petición entramos en el campo de la horizontalidad. La cuarta, quinta y sexta petición, tienen que ver con los seres humanos, con los intereses de la comunidad. Se pide por el pan, como símbolo del alimento al que todas las personas tienen derecho; se pide por el perdón de las deudas que oprimen no ya sólo económicamente, sino que desestructuran la vida de la comunidad; y finalmente se expresa la solidaridad que debe presidir las relaciones inter.-humanas.

En la séptima petición nos encontramos con las amenazas, la tentación y el mal que puede causar una situación de deuda económica para una familia y para la comunidad; el mal que podría afectar las relaciones interpersonales y sociales. Y se pide a Dios que nos libere de esa amenaza y de ese mal.

Releyendo el Padrenuestro en nuestro presente

Muchas lecturas podríamos realizar a partir de esta oración, compendio de todo el evangelio, como bien afirmó Tertuliano, y que ha sido dicha a través de todas las épocas con una actualidad siempre sorprendente. Pero en esta lectura que ahora proponemos a partir de las necesidades de la comunidad, llamamos la atención para la cuarta y la quinta petición (Mt 6,11-12).

En la cuarta petición se pide el pan necesario porque muchos no lo tienen, se destaca la mesa abierta para todos y todas: “Nuestro pan cotidiano dánosle hoy…” La mesa es el lugar donde las personas se unen o se separan. Es el símbolo de la unión, la paz, la solidaridad y el amor, o el símbolo de la discriminación, la intolerancia y la separación. Las comidas de Jesús con todo tipo de personas son señales del mensaje de Jesús y expresión de la misión encomendada a los suyos.

Aquí también la petición es comunitaria; no es el pan mío, es “el pan nuestro”, el alimento necesario para todos y todas. No se puede pensar en satisfacer mis necesidades personales sin pensar en las necesidades de los demás. Y aunque es cierto que el ser humano no sólo vive de pan (Mt 4,4), es también cierto que nunca podemos prescindir de él. Precisamente en la llamada parábola del juicio final (Mt 25,31-46), los criterios para valorar la aceptación o no de Dios están en relación con elementos del mundo material y de la cotidianeidad: si damos agua al sediento, si damos comida al hambriento, si vestimos al desnudo, si nos ocupamos del enfermo. Y todo lo anterior se resume en una palabra: solidaridad. De manera que la relación verdadera con Dios depende necesariamente de las relaciones que tengamos con las demás personas, no sólo a nivel afectivo y personal, sino también a través de las relaciones económicas y sociales. Por eso cuando pedimos el pan, tenemos que pedir por el pan nuestro, que significa el pan para todos y para todas. Porque sólo el pan nuestro es pan de Dios[16].

No es fácil hoy pedir por el alimento para todos y todas en un mundo de tantas desigualdades, donde hay millones de personas que no tienen que comer. Por eso, para que nuestra oración no sea vacía, para que el pan sea verdaderamente nuestro, para que el pan sea pan de Dios, decir hoy el Padrenuestro es un compromiso que demanda de nosotros una palabra y una actuación, que contribuya a la transformación y la liberación del mundo de aquellos mecanismos económicos opresivos, que hacen que pocos tengan muchas riquezas a costa del pan arrebatado de la boca de muchos.

En la quinta petición vemos que ahora se pide el perdón de las deudas: “…y perdónanos nuestras deudas , así como nosotros hemos perdonado a nuestros deudo…” Pedir por el perdón de deudas en el contexto de opresión del imperio romano sitúan el horizonte de lectura de esta petición en el plano de la resistencia económica.

El reconocimiento y superación de las deudas forma parte de una tradición bíblica que condena y pretende superar las relaciones de dependencia económica como ajenas a la voluntad de Dios. Y así se nos muestra en diferentes conjuntos literarios (cf. 2 R 4,1; Pr 22,7; Is 5,8). Al pedir el perdón de las deudas, bajo el trasfondo del endeudamiento que generaba pobreza, hambre y esclavitud, la quinta petición se sitúa claramente en la tradición del jubileo bíblico (cf. Lv 25). Las deudas económicas, con sus consecuencias socio-políticas e económicas, al imposibilitar la existencia de relaciones justas entre todos los países y entre todas las personas, hacen imposible no ya sólo la relación entre las personas, sino la propia relación con Dios.

El Padrenuestro de la versión de Lucas, aparte de ser más abreviado, difiere en este punto de la versión de Mateo, como ya hemos señalado. Mateo usa aquí el termino ofeilémata (deudas), y el verbo áfesis (perdonar) en un tiempo verbal griego llamado aoristo (afékamen), que hace que el conjunto de la frase deba ser traducida literalmente como: “perdónanos nuestras deudas como nosotros ya hemos perdonado a nuestros deudores” (Mt 6,12). Sin embargo, Lucas usa la expresión hamartía (pecado), y el verbo áfesis (perdonar) en presente (afíomen) expresando literalmente: “perdónanos nuestros pecados como nosotros perdonamos a  todo el que nos debe” (Lc 11,4). No obstante,  a pesar de estas diferencias, en la segunda parte de la frase ambas versiones -aunque Mateo habla en plural (ofeíletais=deudores) y Lucas en participio singular (ofeílonti=el que nos debe- concuerdan en que se trata de personas que deben dinero; ambas versiones se están refiriendo a deudas económicas.

Entonces, y resumiendo, la diferencia fundamental con relación a esta petición en ambos casos, se trata de la sustitución en Lucas del término deudas por pecados. ¿Cabría pensar en una diferencia sustancial entre ambas versiones? ¿Cabría pensar que la versión de Lucas se contrapone a la de Mateo y es menos radical? ¿Cabría pensar que la versión de Lucas podría llevar a una lectura espiritualista del Padrenuestro?  Concordamos con todos aquellos autores que responden negativamente a estas posibles interrogantes[17]. Y es que en la tradición evangélica el perdón de las deudas está relacionado con el perdón de los pecados, que aparece generalmente en relación con los marginados. Tanto a la mujer “pecadora”, que lava los pies de Jesús en casa de Simón, como al paralítico que sus parientes y amigos descuelgan del techo para ser curado de su parálisis, Jesús les dice: “Tus pecados han sido perdonados.” (Mc 2,5; Lc 7,48). De manera que la consecuencia de este perdón, en ambos casos, es la reintegración social[18]. Entonces, siguiendo esta línea teológica, Lucas, al colocar “pecados” en paralelo con “deudor”, agrega un nuevo elemento, al reafirmar teológicamente que el pecado no sólo es personal, sino que tiene también una dimensión económica y social[19]. Y en esto se coloca simplemente en la línea profética (cf. 1 R 21,1-16; Is 58; Am 2,6-7a; 8,4-8; Mi 2,1-5; 6,8-15; So 1,8-16).

Vemos así, que hay una relación entre el perdón de las deudas y el perdón que recibimos de Dios. Relación que nos compromete con la práctica de crear relaciones sociales en las cuales la justicia pueda ser una realidad, para que todas las personas puedan vivir con dignidad. Mantenernos callados, o asumir una falsa neutralidad ante las desigualdades de hoy, ante la deuda que asfixia a millones de personas, sería, de acuerdo con la connotación también económica y social que Lucas le confiere al pecado, un pecado contra la vida, contra los seres humanos, y, por tanto, contra Dios.

La oración del Padrenuestro, interpretado éste como la oración de la liberación integral, no es sólo un pedido, sino  también un compromiso horizontal que se inserta dentro de la propuesta jubilar del perdón de deudas. Cada vez que decimos el Padrenuestro traemos a nuestro presente la práctica del Jubileo. Y vivir un constante jubileo significa asumir como cristianos un compromiso para perdonar y para que sean perdonadas y canceladas todas aquellas deudas que niegan a millones de personas el derecho a una vida digna y plena. Si no vivimos un constante jubileo tenemos que repensar seriamente sobre nuestra actuación, para evitar que nuestra oración sea mera hipocresía, al estilo de los fariseos de ayer.

De manera que releer para nuestro presente esta oración, es reconocer que el Padrenuestro no nos eleva al cielo para que olvidemos lo que sucede en la tierra, sino que nos recuerda a los seres humanos con sus problemas cotidianos que necesitan ser resueltos. Lo que pedimos cuando decimos “la oración del Señor” es que Dios nos ilumine, nos anime e impulse a ser colaboradores en la búsqueda de las soluciones necesarias para los problemas que aquejan a nuestro mundo de hoy, para ser librados de todas las maldades y pecados personales y sociales,  para que venga el reino de justicia y paz, y sea así hecha la voluntad de Dios.

Bibliografía utilizada

Año de gracia. Año de liberación – Una semana bíblica sobre el Jubileo. (Animador), Editorial Verbo Divino, Navarra, 2000. (La Casa dela Biblia)

BECKWITH, R.T.“The Jewish Background to ChristianWorship”. En: The Study of Liturgy.OxfordUniversity Press,New York, 1978.

BOFF, Leonardo. El Padrenuestro – La oración de la liberación integral. Ediciones Paulinas, Madrid, 1982.

Enciclopedia® Microsoft® Encarta 2001. © 1993-2000 Microsoft Corporation

JEREMIAS, Joachim. O Pai-nosso: a oração do Senhor. Edições Paulinas, São Paulo, 1976.

LOCKMANN, Paulo. “Perdónanos nuestras deudas – Una meditación sobre la oración: Una forma de lucha y resistencia a la opresión”. En: Revista de Interpretación Bíblica Latinoamericana. REHUE, Santiago de Chile, 1990. No.5-6, p.7-14

MÍGUEZ, Néstor. “Contexto sociocultural de Palestina”. En: Revista de Interpretación Bíblica Latinoamericana. RECU, Quito/Ecuador, 1996. No.22, p.21-31

MÍGUEZ, Néstor. “El imperio y los pobres en el tiempo neotestamentario”. En: Revista de Interpretación Bíblica Latinoamericana. REHUE, Santiago de Chile, 1990. No.5-6, p.87-102

REIMER, Haroldo y RICHTER-REIMER, Ivoni. Tempos de Graça – O Jubileu e as tradições jubilares na Bíblia. CEBI/Paulus/Sinodal, São Leopoldo/São Paulo, 1999.

RICHARD, Pablo. “Ya es tiempo de proclamar el Jubileo”. En: Revista de Interpretación Bíblica Latinoamericana. RECU, Quito/Ecuador, 1999. No.33, p.7-21

RICHTER-REIMER, Ivoni. “El perdón de las deudas en Mateo y Lucas: Por una economía sin exclusiones”. En: Revista de Interpretación Bíblica Latinoamericana. RECU, Quito/Ecuador, 1999. No.33, p.122-137

________________

[1]  Citado por Leonardo Boff. El Padrenuestro – La oración de la liberación integral. Ediciones Paulinas, Madrid, 1982, p.19.

[2]  idem. p.16.

[3]  idem. p.13.

[4] Shemá – Primera palabra de Dt 6,4 (en hebreo, ‘Escucha «Oh, Israel’»). Es la más antigua de las oraciones judías de alabanza y acción de gracias. Junto con la  Tefillá –sección principal de oraciones en la liturgia de la sinagoga- el Shemá formaba parte obligada de la adoración matutina y vespertina diaria en el judaísmo,  y constituye en sí una completa y extensa confesión de fe. El Shemá consiste en tres porciones de las Escrituras (Dt 6,4-9; Dt 11,13-21; Nm 15,37-41), las cuales empiezan y terminan con una serie de bendiciones. Las tres partes juntas afirman la unidad y soberanía de Dios, su carácter liberador, su misericordia, y la obligación de servirle con amor y cumplir sus mandamientos. Las bendiciones alaban a Dios como creador del universo, revelador de la Torá, o sea, La Ley, y libertador, así como, en la liturgia vespertina, protector de Israel. De acuerdo con la interpretación rabínica de Dt 6,7, el Shemá se decía dos veces al día: “cuando te acuestas y cuando te levantas”. El primer párrafo también se recita antes de acostarse. Por tanto, originalmente, el Shemá lo decían las personas mientras contemplaban el amanecer y el anochecer. Véase R. T. Beckwith. “The Jewish Background to Christian Worship”. En: The Study of Liturgy. Oxford University Press, New York, 1978; y Enciclopedia® Microsoft® Encarta 2001. © 1993-2000 Microsoft Corporation.

[5] Véase Leonardo Boff. op. cit., p.12-16.

[6] Joachim Jeremias. O Pai-nosso: a oração do Senhor. Edições Paulinas, São Paulo, 1976, p.39.

[7] Para una visión panorámica de la situación social, política y económica de Palestina durante la dominación romana, véase Néstor Míguez. “El imperio y los pobres en el tiempo neotestamentario”. En: Revista de Interpretación Bíblica Latinoamericana. REHUE, Santiago de Chile, 1990, No.5-6, p.87-102, y además,  Néstor Míguez. “Contexto sociocultural de Palestina”. En: Revista de Interpretación Bíblica Latinoamericana. RECU, Quito/Ecuador, 1996, No.22, p.22-25.

[8] Ivoni Richter Reimer. “El perdón de las deudas en Mateo y Lucas: Por una economía sin exclusiones”. En: Revista de Interpretación Bíblica Latinoamericana. RECU, Quito/Ecuador, 1999, No.33, p.133.

[9]IvoniRichterReimer. op. cit.,  p.126.

[10] Según Joachim Jeremias cuando un texto más corto está integralmente contenido en uno más largo, el corto debe ser considerado como el original. Véase Joachim Jeremias. op. cit., p.23.

[11] Véase Año de gracia. Año de liberación – Una semana bíblica sobre el Jubileo. (Animador), Editorial Verbo Divino, Navarra, 2000, (La Casa dela Biblia), p.103; Leonardo Boff. op. cit., p.119..

[12] Véase Haroldo Reimer e Ivoni Richter Reimer. Tempos de Graça – O Jubileu e as tradições jubilares na Bíblia. CEBI/Paulus/Sinodal, São Leopoldo/São Paulo, 1999, p.129 y Pablo Richard. “Ya es tiempo de proclamar el Jubileo”. En: Revista de Interpretación Bíblica Latinoamericana. RECU, Quito/Ecuador, 1999, No.33, p.16.

[13] Pablo Richard. “Ya es tiempo de proclamar el Jubileo”. En: Revista de Interpretación Bíblica Latinoamericana.  RECU, Quito/Ecuador, 1999, No. 33, p.15.

[14] Véase Paulo Lockmann. “Perdónanos nuestras deudas – Una meditación sobre la oración: una forma de lucha y resistencia a la opresión”. En: Revista de Interpretación Bíblica Latinoamericana. REHUE, Santiago de Chile, 1990, No.5-6, p.13 e Ivoni Richter Reimer. op. cit., 127.

[15]PabloRichard. op. cit., p.15.

[16] Leonardo Boff. op. cit., p.104.

[17] Año de gracia. Año de liberación – Una semana bíblica sobre el Jubileo. (Animador), op. cit., p.103; Haroldo Reimer e Ivoni Richter Reimer. op. cit., p.129-130 y Leonardo Boff. op. cit., p.118.

[18] Año de gracia. Año de liberación – Una semana bíblica sobre el Jubileo. (Animador), op. cit., p.103.

[19] Véase Leonardo Boff. op. oit., p.118.

Pedro Triana Fernández, Ave. Goiás 2547, Casa 20, Barcelona, São Caetano do Sul/SP, CEP:09550-051, Telfs: res. (11)4225-1421, cel. (11) 8362-9220, E-mail: triana231247@yahoo.es e pedro_triana_sp@hotmail.com

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